Todo cambia y nada vuelve, dijo, y me dio la respuesta. No volveré porque cambié. Habrá un horizonte en esta tierra en que no me encuentres. Para tipos como yo, que seducen al infierno, se hacen fácil estás cosas.
Nuestras mentes saltaron por la ventana arrastrando el cuerpo, y hoy me habla el custodio del lugar. No quiere una presa fácil, por eso me bendijo con la duda. Ser en el tiempo es estar ausente. Ser en la nada es estar presente.
– Ya pasaste por acá ¿Qué querés? -impone su poderío, sabe más de lo que aparenta-.
– Al cielo se lo robaron -contesto de mala ganas, sé que sus músculos son anabólicos-.
– ¿Querés hablar con el dueño?
– No, la quiero devuelta -digo, y saco la última carta para evitar la tragedia-.
– Los locos no van a dominar el mundo. Chocaste el camión y se anota como muerte por decisión ¿Pensaste que ibas a volver? -me conoce poco, hasta en las cárceles no pueden raptar el pensamiento si vivimos en silencio-.
– Vivo por ella, podes dejarme, porque sabés las cláusulas. El sacrificio cuenta y es sangre por sangre.
Hoy la veo radiante desde este lugar. Cuando seducís lo que seduzco siempre hay una sonrisa de vuelta, un guiño que transciende el instinto del hombre. Cuando seducís lo que seduzco no debes haber conocido el infierno, debes ser el infierno.
®️ Piri Chaher